La importancia del suelo en la agricultura orgánica

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La importancia del suelo en la agricultura orgánica

El manejo del suelo es lo más importante en la agricultura orgánica, ya que el suelo es la base de la agricultura. El suelo, básicamente, está compuesto por dos sistemas, uno inorgánico que son partículas de arcilla, arena o limo, y uno orgánico integrado por materia orgánica y otras sustancias vivas que son la microflora y microfauna que habita entre esas partículas.

El suelo cuenta con sustancias minerales que le brindan la fertilidad química al suelo, que son el Nitrógeno, el Fósforo, el Potasio, el Calcio, el Magnesio, entre muchos otros que brindarán la nutrición a plantas y otros microorganismos para poder nacer y crecer, mediante su solubilización en el agua.

Las propiedades químicas son importantes ya que brindarán la nutrición, pero las físicas (que sea un suelo estable, bien agregado, profundo para que penetren bien las raíces, que no se planche ni se lave, que infiltre bien el agua, que no tenga impedancias) es también de fundamental importancia si no las plantas no pueden desarrollarse correctamente y no pueden nutrirse de los minerales necesarios para su crecimiento.

Existe abundante evidencia de estudios de campo de larga duración en granjas orgánicas del mundo en cuanto a los resultados del manejo de suelo en la agricultura orgánica. En comparación con los suelos manejados convencionalmente, los orgánicos muestran un mayor contenido de materia orgánica, superior biomasa, actividades enzimáticas más altas de microorganismos, mejor estabilidad de los agregados, mejor capacidad de infiltración de agua y retención, y menos susceptibilidad a la erosión hídrica y eólica.

Las prácticas más eficaces para el manejo del suelo en la producción orgánica son los abonados con estiércoles animales, la incorporación de compost y/o lombricompuestos,productos orgánicos, el máximo aprovechamiento de la materia orgánica del propio establecimiento (barbechos, rastrojos, residuos de cosecha, plantas espontáneas, arbustos, desechos), y la labranza mínima y/o vertical. Algunas plantas incorporadas especialmente para mejorar el suelo son muy beneficiosas, como los tréboles u otras legumbres, conocidos como abonos verdes, que aportan además de materia orgánica mucho nitrógeno, mediante la simbiosis en sus raíces de unas bacterias fijadoras del nitrógeno del aire presente en los poros del suelo, y algunas gramíneas tipo pastos que incorporan mucha materia orgánica que mejora la estabilidad física del suelo y promueve la actividad biológica